Lo que dijeron los pilotos los últimos segundos del vuelo
El vuelo que salió a las 18:04 horas de San Luis Potosí a la ciudad de México era un vuelo que parecía muy normal. Diciendo bromas, con risas y procedimientos de navegación transcurrió lo que sería la última hora de vida de los pasajeros y tripulación del Learjet 45 entre los que se encontraban el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, el ex fiscal antidrogas José Luis Santiago Vasconcelos y otros funcionarios.
Al parecer se desvanecen los rumores de un atentado se desvanecen y surgen con mas fuerza los rumodes de una deficiente capacitación y certificación de los que manejaban el avión, “falta de familiarización con controles del avión”. Como en todos los accidentes areos se fueron juntando muchas coincidencias, como lo podemos observar en la conversacìón.
Piloto: Eso, ¿qué es, Alvarito?
Copiloto: ¿Qué?
Piloto: ¿Morelia o qué?
Copiloto: ¿Dónde?
Piloto: Ahí
Copiloto: ¿Dónde estamos?… Setenta y cuatroo… Pudiera ser, ¿ehh?
Piloto: No, se me hace que es Querétaro
Copiloto: ¿Querétaro?
Piloto: Sí.
Copiloto. Si, porque… Morelia estaría para allá para aquel lado, ¿no?
Piloto: Ta muy fácil, mira, ¿qué quieres saber?
Copiloto: ¿Dónde es?
Piloto: Como es, pero.
Micrófono de cabina: Tú solito te embarraste ca…
Piloto: Pulsa New Airports… Es Querétaro.
Luego el avión confirmó al control de tránsito aéreo que viraba hacia la base aérea militar de Santa Lucía. El controlador les pidió desacelerar a 200 nudos y les pidió reducir de nuevo la velocidad.
Las grabaciones de las conversaciones entre la tripulación y el controlador mostraron que a lo largo de la aproximación de aterrizaje hubo varias ocasiones que se pidió al avión ajustar su velocidad.
Los pilotos estaban tranquilos.
Por momentos, admiraban cómo los aviones se veían “todos formaditos”, rumbo al aeropuerto.
¿Viste?, llegamos a la mera hora del tráfico, dijo el piloto.
El Learjet se acercaba. Al dirigirse a la radio ayuda de San Mateo (en el estado de México), que sirve como guía a los aviones, el controlador se dirigió a la nave, identificada como “Víctor Mike Charly” y ratificó que giraran por la derecha.
Los pilotos, de manera inexplicable, comenzaron a dudar sobre qué instrucciones les había dado el controlador y empezaron a quejarse y decían que nunca les ordenaron sobrevolar la radioayuda.
La comunicación con el controlador se mantuvo. Les pidió que se mantuvieran a 220 nudos, que bajaran su altitud y les indicó la pista a la que aterrizarían. Luego, le preguntó si mantenían 220 nudos de velocidad. Se está incrementando, respondió el piloto.
¡Ora tienes que correr!, exclamó el copiloto.
Las quejas continuaron al oír como solicitaban a otros vuelos que cambiaran su velocidad. Al Click de Mexicana que veía atrás de ellos, por ejemplo.
No parecía que iban a gusto con las indicaciones del controlador.
“Ahora ya los están acelerando”, reclamó el copiloto.
Pero las cosas cambiaban en el Learjet. Los pilotos empezaron a pelear con los controles.
Según autoridades, la aeronave B767 de Mexicana que los antecedía, cruzó San Mateo a 224 nudos. El LJ45 iba a 272 nudos, por lo que el controlador le solicitó reducir su velocidad a 180 nudos, para ampliar la distancia entre los dos y evitar turbulencias.
El piloto se dio cuenta del B767 adelante y comentó: “Okey, voy a irme, voy irme hasta, a 160 por ese que traigo ahí, Alvarito, ¿ehh?”, dijo al copiloto.
La tripulación reconoció la presencia de una turbulencia provocada por la estela del avión que le antecedía, demostró la grabación.
“Órale la turbulencia de éste”, exclamó el piloto.
Segundos más tarde se escucha un sonido similar a la alarma de desconexión del piloto automático.
Piloto: ¡Ay, cabrón!
En la cabina de pasajeros se oyó: “¿Qué pasó, Mo..ti?
El copiloto repitió, “¡ay, cabrón!”
Para entonces, ya luchaban por controlar la nave que se les iba a pique.
“Ay, ay”, gritó el piloto.
“Ay, ay”, coincidió el copiloto.
Las alarmas parecían prenderse. La de pérdida de altitud y la de aproximación a tierra. Entonces el copiloto, con más experiencia pidió el mando.
“¡Déjamelo, déjamelo, déjamelo!”, exigió.
“Tuyo Álvaro”.
Empezaba la cuenta regresiva de la vida.
“Hijo…de tu puta… madre…”, dijo el piloto. “Nooo Álvaro”, gritó.
Los tripulantes maniobraron para enderezar la aeronave, pero el impacto era inevitable.
“Diosito”, gritó el piloto.
Después, todo fue silencio.
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